Ha transcurrido medio hora desde que le diera el turno de la palabra. El juez observa al abogado hablar con locuacidad, pero su mente empieza a divagar en medio del flujo incesante de palabras. Su expresión seria y concentrada oculta el desafío interno que enfrenta. A medida que el abogado continúa hablando, la mente del juez empieza a dispersarse en pensamientos varios.
Catecismo para jueces, versión Instrucción 2/2026. La Justicia, la IA y sus Lazarillos
Acabo de leer el Acuerdo de 28 de enero de 2026 del Pleno del CGPJ,...


