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Desayuno con un abogado

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MASC: manual de autodestrucción del sentido común

En teoría, la cosa era fácil: diseñar un sistema para que los ciudadanos pudieran resolver sus conflictos sin saturar los juzgados. En la práctica, parece que alguien se sentó frente a un folio en blanco y decidió escribir la ley con la técnica del “cópielo y péguelo, pero no lo lea”.

La viñeta lo resume: uno pregunta a la IA sobre los MASC. La IA entra en bucle. Y no es para menos. Porque si un sistema supuestamente “inteligente” se bloquea ante el galimatías, quizá no sea un fallo del sistema, sino una demostración involuntaria de honestidad algorítmica.

En el fondo, la culpa es de la técnica legislativa. O mejor dicho, de su ausencia. Se legisla deprisa, sin test de estrés, sin preguntarse qué ocurrirá en un juzgado real, con un abogado real y un cliente real que no entiende por qué su caso se ha convertido en un sudoku con piezas de otro puzzle. Y, mientras tanto, los responsables asisten a congresos donde se felicitan por la “innovación normativa”, como si los problemas no existieran o fueran culpa de que la gente “no sabe interpretarlo bien”.

No es que no sepamos interpretar. Es que la ley está escrita como si su objetivo fuera no ser entendida.

Cuando una norma nace así, lo de “método adecuado de solución de conflictos” se convierte en “método alternativo para generarlos”.

Y todo esto viene a propósito de un artículo publicado en El Confidencial el 12 de agosto de 2025, en el que se explica que la entrada en vigor de la obligatoriedad de los MASC ha provocado un desfile de demandas inadmitidas por defectos de forma, dudas sobre qué casos requieren el trámite y, en definitiva, un festival de inseguridad jurídica digno de un manual de “así no se hace”. Los operadores jurídicos —desde procuradores hasta magistrados— se quejan de que la norma ha llegado sin instrucciones claras, como si te regalaran un mueble de Ikea con todas las piezas, pero sin los tornillos y con el manual en suajili.

El texto del artículo no lo dice así, claro. Lo cuenta con datos, testimonios y citas que revelan lo que ya se intuía: que la prisa por legislar ha sido inversamente proporcional a la claridad del resultado. Un ejemplo perfecto de cómo una buena idea, mal ejecutada, se convierte en un obstáculo más para quienes pretendía ayudar.

Mientras tanto, los MASC siguen ahí, obligatorios y enigmáticos, como esas obras públicas inauguradas con cinta y aplausos pero sin acceso por carretera.

¿Te interesa un análisis serio sobre la regulación de los MASC?
En este artículo, publicado en el diario CONILEGAL, expongo con mayor profundidad y rigor mi crítica a la normativa y sus implicaciones: La paradoja de Jevons y el Proyecto de Ley de medidas en materia de eficiencia del servicio público de Justicia .

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