Una sentencia debe aspirar a convencer, pero no tanto al abogado, como al cliente. Digo esto porque en la práctica estamos acostumbrados a enfrentarnos con sentencias llenas de tecnicismos o con una densidad doctrinal de tal naturaleza que a veces terminan olvidándose hasta del propio conflicto humano que motivó el proceso, pareciendo que su autor sólo ha querido aprovecharse de esa oportunidad para lucir sus particulares méritos.
El día que un emoji acabó en los tribunales
Hace unos días leí una nota sobre una reciente sentencia del Tribunal...


