Una sentencia debe aspirar a convencer, pero no tanto al abogado, como al cliente. Digo esto porque en la práctica estamos acostumbrados a enfrentarnos con sentencias llenas de tecnicismos o con una densidad doctrinal de tal naturaleza que a veces terminan olvidándose hasta del propio conflicto humano que motivó el proceso, pareciendo que su autor sólo ha querido aprovecharse de esa oportunidad para lucir sus particulares méritos.
El día que la IA inventó una sentencia… y casi cuela
Ha caído en mis manos una sentencia de la Audiencia Provincial de Alicante...


