La dimension magica del pleito<span class=1 min read" >

Las pelucas (en otras latitudes), las togas de jueces y abogados, la arquitectura y composición sacra de las Salas de Justicia, el uso del latín como idioma técnico y el formalismo litúrgico de no pocos actos procesales, y también el halo carismático de la propia figura del juez.

Quien va a negar que el proceso judicial tiene algo de mágico, herencia de las Ordalien, los Eideshekfer (conjuradores) y los Gottersurteile  (juicios de Dios). Las propias leyes reguladoras del proceso, son comúnmente llamadas ley rituarias o leyes de ritos, que acrecientan así el carácter litúrgico de su función. Este carácter mágico y ritualista desarrolla una subfunción psicológica altamente positiva. MALINOWSKI ya lo puso de manifiesto en El rito y la fórmula, en “Mágia y civilización» al remarcar que este carácter permite mantener el equilibrio interno del justiciable. En otras palabras, ayuda a liberarle de la humillación y de la ira en la misma medida en que dicho justiciable fuere capaz de atribuir inconscientemente el resultado de la contienda a la decisión de un ser superior, impersonal y divino